Quiéreme bien, no mucho

 


Todos hemos oído alguna vez eso de "quien bien te quiere te hará llorar", esta es probablemente la mayor mentira jamás contada. Desde que somos pequeños hemos escuchado mensajes que nos invitan a pensar que amar a alguien implica discutir, gritar o tener celos. ¿Cómo vamos a construir relaciones sanas con estas ideas? Teniendo este punto de partida, es normal que a veces el amor se tergiverse y deje muertas.

Desde 2003 han sido asesinadas en España 1.075 mujeres por sus parejas o exparejas, de las cuales 42 mujeres han muerto este último año. Esto significa que 42 hombres han asesinado a la persona a la que amaban. Los celos, la posesión y el control son algunas de las ideas y comportamientos que sostienen el machismo aún a día de hoy, aunque a veces se piense en ellos como demostraciones de amor. La violencia de género es un problema estructural enquistado en todas las sociedades, es un cáncer que deja en el mundo 137 muertas al día según Naciones Unidas, que no entiende de razas, ideologías ni países y que se deja ver a lo largo de toda la historia. Desde que las mujeres tuvieron permiso para educarse y aprendieron a escribir, han dado cuenta de la violencia de género a través de los libros. Emilia Pardo Bazán narraba en 1.914 el episodio de Las Medias Rojas, una pequeña historia en la que se describe la paliza que un padre propinó a su hija por llevar unas medias rojas, propias de las mujeres de mala vida de la época. Lo sorprendente de este relato es que, después de más de 100 años, no ha perdido actualidad. Tanto los mecanismos de violencia psicológica, como el razonamiento que da al padre potestad para pegar a su hija se mantienen intactos a día de hoy. Las cosas han cambiado desde la época de Doña Emilia, pero solo sobre el papel; si no, este año no habría habido 42 hombres que se han creído dueños de la vida de sus compañeras, hasta el punto de asesinarlas.

Aún a día de hoy todas las relaciones entre personas se basan en mecanismos de poder, de los padres sobre los hijos, los profesores sobre los alumnos, los jefes sobre los empleados y los hombres sobre las mujeres. Esta idea de la superioridad de los varones ha calado en la sociedad por tradición y aunque durante este último siglo se han hecho avances en el ámbito legal aún queda mucho por hacer. En España las mujeres estamos amparadas desde 2004 por la Ley Contra la Violencia de Género; sin embargo, miles de mujeres se enamoran de maltratadores año tras año. Ahora bien ¿cómo se puede estar enamorada de alguien que te trata mal? La cultura popular es, en parte, responsable de ello. Los niños crecen escuchando que los que se pelean se desean y asumiendo que en las relaciones hay discusiones, en mayor o menor medida, de manera habitual. Es cierto que los mensajes recibidos no programan nuestro cerebro para que demos una respuesta concreta ante un estímulo. Es decir, por crecer escuchando estas mentiras no todos vamos a tener una relación tóxica o de maltrato, pero sí contribuyen a crear un ideal falso de relación y normalizar la violencia sistemática contra las mujeres, lo que hace que consideremos normal algunos comportamientos propios del maltrato, como los celos, o la violencia verbal.

Ver la violencia de género como algo normal implica no actuar, o no posicionarse, en caso de presenciar una agresión porque no se percibe como violencia, o porque se espera que los problemas de pareja se resuelvan dentro de la propia pareja. Este tema, al igual que la violencia, tampoco es nuevo: el feminismo radical que nació en la década de 1960 ya utilizaba el lema "lo personal es político" para ilustrar que el patriarcado es el causante de la desigualdad.  Las feministas radicales centraron sus esfuerzos en ir a la raíz del problema, no en radicalizarlo, y llevaron a la esfera pública situaciones de violencia que hasta entonces se consideraban privadas. Los hogares siguen siendo uno de los grandes núcleos de desigualdad debido a las relaciones de poder que se establecen dentro de las casas. Como consecuencia, en el año 2020 se han recogido 42.302 llamadas al 016, el número de atención a las víctimas de violencia de género, y 40.491 denuncias han sido presentadas. A pesar de estos datos solo el 7'9% de los encuestados por el CIS reconocen estar preocupados por la violencia contra las mujeres. Los datos son terribles, están normalizados y no nos molestan. Todos conocemos personas envueltas en relaciones desiguales o en las que existe violencia, pero miramos hacia otro lado. Ese es el pilar fundamental de la violencia: desentendernos de ella. La violencia se mantiene porque si no llega a asesinato no se persigue: se pone en duda la palabra de la víctima o se defiende al agresor porque es un amigo, un familiar o porque a ti no te ha hecho nada. La falta de un rechazo total de la sociedad hacia los maltratadores y de condenas ejemplarizantes quitan importancia a una violencia que en España ha dejado 1.075 cadáveres desde 2003.

Da igual el periodo de la historia que elijamos, siempre vamos a encontrar mujeres y hombres enamorados de la idea del amor; de un amor rancio y romántico en el que los hombres exigen a sus mujeres que les pongan el café y ellas se lo ponen. Un amor que  consiente faltas de respeto, porque se espera que la pareja cambie o porque el machismo repite tanto sus mensajes que al final las mujeres lo interiorizan y aceptan como una verdad. Los tópicos del amor romántico pasan de generación en generación presentando la violencia como algo natural, como si fueran roces que hay que superar porque la pareja es para toda la vida. Kate Millet, una de las feministas radicales más ilustres, decía que "el amor ha sido el opio de las mujeres" porque, para ella, el amor mal entendido ha sido una forma de justificar la violencia y entretener a las mujeres para que no piensen en temas más importantes; pero esta forma romántica de amar está obsoleta.

Las mujeres del siglo XXI no queremos un amor idílico y para toda la vida, queremos un compañero que nos respete y nos de la libertad que nos pertenece por derecho propio. Para mí, mi pareja es simplemente mi mejor amigo, un compañero de viaje que va conmigo porque los dos disfrutamos del tiempo juntos. El primer paso para erradicar la violencia de género es erradicar las relaciones de poder, y construir relaciones sanas en las que nadie mire al otro desde arriba, compuestas por personas que prefieren quererse bien a quererse mucho, pero mal, para que podamos dejar de hablar de asesinos que matan y le echan la culpa al amor.


Por Cristina Moreno García