Maltratando a Dios


Ilustración de Almu Wilson.
Frase inspirada en Gandhi
Imagen de referencia de Gregory Colbert


¿Conoces al Dios de Spinoza? Es conocido por ser el Dios en el que creía Einstein, ¿te suena ahora más?

Spinoza fue un filósofo holandés del siglo XVII. Creció como judío y se educó como tal, sin embargo, se desligó de la doctrina para crear la suya propia. Su libro “Ética” pretendía sustituir a la Biblia, y en él, describe un Dios que no está en el tiempo y no puede ser individualizado. Negaba que Dios escuchase nuestras oraciones, que hiciese milagros o que nos castigara, incluso que tuviese una imagen humana. El Dios de Spinoza es impersonal, algo que podríamos llamar “Naturaleza” , “Existencia” o “Alma del mundo”. Para Spinoza, Dios es el universo y sus leyes. Dios es la razón y la verdad. Dios es la fuerza que mueve todo lo que es y podría ser. El filósofo defendía que la misión del ser humano era tratar de comprender cómo y por qué el universo funciona de la manera que lo hace, y luego aceptarlo, en lugar de protestar por el funcionamiento de la existencia. Por tanto, la mejor forma de conocer a Dios es entender cómo funciona la vida y el universo.

A raíz de este pensamiento, he empezado a ver trocitos de “Dios”, o “Existencia” o “Alma del mundo” en la Naturaleza y, más importante, he entendido como otros lo han visto y lo han reflejado.

Por ejemplo, cuando Mahatma Gandhi estaba al borde la muerte en el verano de 1917 a causa de la pandemia de gripe española en India, empieza a escribir cartas haciendo una reflexión sobre su vida y profundizando en temas como la búsqueda del alma, el significado de Dios o lo que significa el amor. En una de estas reflexiones escribe: “La naturaleza es Dios, y Dios es amor.”

Por no hablar del maestro catalán Antonio Gaudí, quien refleja clarísimamente en su obra la relación entre Dios y la Naturaleza, ya que toda sus arquitecturas y obras escultóricas están inspiradas en elementos de la Naturaleza, tomaba a esta como su máximo referente, la respetaba de tal manera que incluso evitaba generar basura y mucho de su material para realizar su obra eran restos de otras obras. Sin embargo, para ilustrar esta relación tan podríamos comentar como la monumental Sagrada Familia mide solo 172 metros, y es que Gaudí dijo: “la obra del hombre no debe superar jamás la obra de la naturaleza.” La altura de Montjuic, la montaña de Barcelona es de 173 metros.

Es una idea similar a la que tiene el artista Gregory Colbert. Sus fascinantes imágenes muestran una relación muy personal entre los seres humanos y la naturaleza. En ellas demuestra su creencia de que hay un deseo compartido de todas las especies de participar en una conversación universal. Él ve la naturaleza como la mayor contadora de historias y a  sí mismo como un aprendiz de la naturaleza. Su trabajo son colaboraciones entre humanos y otros animales que expresan una sensibilidad poética compartida por todas las especies. Ha realizado más de 60 expediciones a lugares como India, Egipto, Etiopía o Antártica para filmar las interacciones entre los seres humanos y los animales, algunos como elefantes, ballenas, manatíes, guepardos, orangutanes o cocodrilos. Los sujetos humanos que ha fotografiado y filmado incluyen a monjes birmanos, bailarines en trance, gente San, y miembros de otras tribus indígenas alrededor del mundo.

Sin embargo, la realidad que experimentamos es otra, y más en nuestras circunstancias, donde el ser humano, jugando a ser Dios, desarrolla nuevas tecnologías que llegan a la inteligencia artificial.

Nuestro día a día es diferente, y más en tiempos de pandemia, parece que pasamos más tiempo entre pantallas que cuidándonos y conociéndonos a nosotros mismos, y a nuestro interior, y así conociendo a Dios. La cultura budista, por ejemplo, cree que Dios está dentro de nosotros mismos y por ello fomenta prácticas como la meditación. Pero es que además, las neuronas de nuestro cerebro tienen una composición similar a la materia oscura del universo. No suena tan descabellado que comprendiéndonos a nosotros mismos y nuestra Naturaleza, encontremos las claves de la vida, o de “Dios”, “Existencia” o “Alma del mundo.” 

Acercándome a la filosofía de Spinoza veo al ser humano en la burbuja de la ciudad, en el virus de la prisa, condenado a la tecnología, y, para qué negarlo, tan acomodado, que para moverse necesita ir al gym. Vivimos en un frenesí donde lo importante es la productividad, los resultados académicos o laborales, lo económico, el estatus social, los likes… y como resultado, vivimos en una sociedad donde la depresión, el estrés y la ansiedad están al orden del día. ¿Cuánta salud mental te está costando el ritmo de vida que llevas?

Por no hablar de que esa sociedad vive en un mundo cada vez más deteriorado por el cambio climático. Un mundo que casi no conoce la Naturaleza que le rodea, y para colmo, la destruye con plásticos, basuras, gases nocivos, industrias, deforestaciones… Estoy segura de que Spinoza pensaría que vivimos en un mundo que maltrata a Dios. ¿Sería Spinoza en nuestra sociedad actual un hippie vegano de filosofía zero waste? ¿Qué pasaría si viésemos la naturaleza como algo sagrado, similar a cómo ven los hindúes las vacas? ¿La respetaríamos más? ¿Existiría el cambio climático?

Volviendo a las reflexiones de Gandhi al borde de la muerte, mencionar que llegó a otra conclusión, que era que su enfermedad era una forma de karma, algo que él había creado, y empezó a pensar todo lo que había hecho para merecer aquello. Quizás las consecuencias del cambio climático es algo que merecemos por maltratar a “Dios”, “Naturaleza” “Existencia” o “Alma del mundo.”