Quitar una estatua no te hace mejor persona (y además no sirve para nada...)

Retiran una estatua dedicada a Cristóbal Colón en la ciudad de San Luis, (Misuri, EE.UU.). Quitan el nombre de dos científicos nazis a un par de cráteres de la Luna. Lanzan pintura roja y derriban una estatua dedicada a fray Junípero Serra en un parque de San Francisco (California, EE.UU.). Desmantelan la estatua de Franco cercana a Nuevos Ministerios. Se modifica el nombre de la calle Lista, en Madrid, por el de Ortega y Gasset...

Son todos ejemplos de revisionismo y sin embargo no tienen el mismo significado ni la misma trascendencia. Podemos encontrar cierta lógica en unos y no tanta en otros. Y es que no es lo mismo aplicar el revisionismo sobre cuestiones cercanas en el tiempo que sobre aquellas de las que nos separan varios siglos.

En primer lugar hay que entender qué motivación hay detrás de cada caso. Detrás de la más reciente oleada de sabotajes e iniciativas contra símbolos como Colón, Isabel la Católica o fray Junípero en EE.UU., algunos sociólogos ya están apuntando que no se trata tanto de un ataque contra lo español (respire, señor Ortega Smith) o lo iberoamericano sino contra símbolos de blancura o de ser blanco. Sería, por lo tanto, una consecuencia de la ola de indignación creada a partir de la muerte de George Floyd. Del mismo modo, han sido atacadas o retiradas otras estatuas y monumentos dedicados a héroes confederados (aquellos que en la Guerra Civil estadounidense lucharon a favor de la esclavitud). 

Vaya contra quien vaya ese ataque, me parece, no solo inútil e ilógico, sino contraproducente. El hecho de borrar de nuestra vista una estatua de Colón no va a cambiar que descubriera América para Europa y diese el pistoletazo de salida a su colonización (palabra que, por cierto, no tiene nada que ver con el navegante europeo...). Y sobre todo, ¿por qué quitar la estatua del general confederado Robert Lee y no un monumento a Washington? El padre de los Estados Unidos era dueño de varias plantaciones esclavistas y guerreó contra los indígenas. Volviendo a Colón, ¿tuvo él la culpa de la aniquilación - que no genocidio, no es lo mismo- de cientos de miles de indígenas a partir de 1492? Y por otro lado, pensar que América era un remanso de paz antes de que llegaran los europeos es absurdo. De hecho, el propio Hernán Cortés aprovechó las luchas intestinas para conquistar el imperio Azteca. Claro, pero es que Cortés era una animal de bellotas y un sanguinario, pensará alguno. Pues seguramente, como la mayoría de soldados y conquistadores de la época...

Estamos ante lo de siempre: quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. ¿Nos quedamos solo con lo malo de cada personaje o hacemos un balance de los aspectos positivos y negativos de su paso por este mundo? Porque si solo nos podemos quedar con los personajes "completamente buenos", entonces no se salva ni uno solo. ¿Quitamos la estatua de Fulanito, quien sea, o la utilizamos para explicar cómo era la sociedad de esa época y para explicar la complejidad de un personaje que pudo tener aspectos virtuosos y otros reprochables? ¿De verdad queremos una historia blanca o negra -y me refiero a colores, no a razas, esta vez-? Pues entonces nos perderemos todos los tonos de gris que tiene la realidad y, ahí sí, tendremos una visión completamente parcial de nuestro pasado. ¿Retiramos Lo que el viento se llevó de nuestra plataforma audiovisual porque muestra una sociedad racista o aprovechamos que la tenemos a mano para explicar cómo era esa sociedad, para criticarla y educar en el respeto? ¿Prohibimos la publicación del Mein kampf de Hitler o, como han hecho en Alemania, lo publicamos con toda una serie de notas explicando lo equivocado que estaba y desmontando todas sus ideas?

Mi opinión, aplicable a los personajes de siglos pasados, es que no se puede juzgar con los valores de hoy las acciones de tiempos pasados. Y pongo un ejemplo muy claro: se explica en historia de 4º de ESO que en el tratado de Utrecht (1714), entre Inglaterra y España, los ingleses consiguieron una ventaja comercial conocida como el asiento de negros. Esto consistía en tener el monopolio de la introducción de los esclavos negros en la América española. El negocio de esclavos era una fuente de ingresos espectacular y, por muy repugnante que nos parezca hoy, no podemos dejar de indicar que aquello fue una gran victoria económica para Inglaterra y un duro golpe para España. 

¿Deberíamos eliminar las estatuas de Felipe IV, por poner el caso, porque durante su reinado España comerciaba con esclavos negros? No. Porque en aquella época era lo normal. ¿Debemos borrar cualquier conmemoración a los Reyes Católicos por todas las barbaridades que perpetró la Inquisición? No. Porque desde los ojos y los criterios morales de aquella época, no era algo censurable. Y sin embargo, eso no quiere decir que debamos dejar de criticar que hicieran cosas tan terribles. No dejaré de explicar en mis clases el sinsentido que es (con la visión de hoy) la Inquisición pero tampoco dejaré de explicar lo habitual que fue (con la mentalidad de aquella época y no solo en España). Así pues, las estatuas, cuadros y monumentos dedicados a todos esos personajes nos sirven de pretexto para contextualizarlos, para conocerlos, para diferenciar lo bueno y lo malo que hicieron, sus luces y sus sombras.

Ahora retomo la segunda parte de la enumeración del primer párrafo. Y entonces, ¿qué hacemos con los restos del franquismo? ¿Está bien retirar el nombre de dos físicos nazis de los cráteres de la Luna? ¿Deberían los rusos y los rumanos mantener monumentos a Stalin o Ceaucescu, respectivamente? Aquí creo que sí podemos hacer una diferencia. Y es la cercanía en el tiempo.

Hoy lo juzgamos todo, como mínimo, tomando como referencia la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un documento publicado en 1948 a raíz de las barbaridades en torno a la Segunda Guerra Mundial. Pues bien, todo lo que se encuentre, pongamos, desde un par de décadas antes, en torno a los años veinte, hasta nuestros días quizás sí tenga sentido, sí resulte natural que lo juzguemos con nuestros valores actuales.

Por eso sí me parece lógico dejar de conmemorar a científicos nazis con nombres en la Luna; sí me parece lógico que Rusia haya borrado gran parte de los monumentos estalinistas; sí me parece adecuado que se retirase una estatua de Franco de la Castellana o que la calle Lista se llame Ortega y Gasset. Y sin embargo, también me parece lógico que en Berlín aún exista un parque dedicado a los soldados soviéticos que liberaron la ciudad. Porque no se les alaba por ser soviéticos ni se alaba a Stalin en concreto, sino que se agradece que expulsaran a los nazis del poder. Es decir, no es una interpretación blanca o negra de ese momento histórico, sino gris. Concreta. Explicada y justificada. Para quien quiera escuchar y entender, claro.


Ser revisionista no consiste en quitar estatuas, retirar nombres o descolgar cuadros. Consiste en revisar la historia y contarla de manera que se ponga sobre el papel la visión más completa posible de un personaje, un hecho o una época. Ser revisionista consiste, por ejemplo, en poder escuchar la coletilla "con Franco vivíamos mejor" y entender por qué la dice quien la dice y no negarle a esa persona parte de su verdad, pero tampoco admitir por eso que la dictadura franquista fuera algo positivo , ya que por el mero hecho de ser una dictadura es algo negativo, lógicamente.



Placa conmemorativa en Treptower Park, Berlín