Del altruismo al blanqueamiento




El pasado 12 de febrero, Emmanuel Macron abría un debate peliagudo en la Conferencia Nacional de la Discapacidad. Amparándose en el vacío legal, ecosistema preferido de las malas praxis, el presidente francés declaraba con rotundidad que la vida sexual de una persona forma parte de su “dignidad”.

Ante la controversia del asunto, googleo rápidamente “asistencia sexual” y soy redirigida a varias noticias y organizaciones. No existe una definición clara, los matices son tan dispares, que se contradicen entre sí. “Puede haber sexo”, “no puede haber sexo, es un mero apoyo”, “su intervención es puramente instrumental”, “puede haber comentarios de cariño que generen complicidad e intimidad”… Lo cierto es, que la asistencia sexual en sí misma, se presupone como una herramienta para que la persona con discapacidad pueda tener vida sexual, cobrando por ello. 

Indago sobre todo en la página web de asistenciasexual.org, una organización con una autodefinición utópica y que pinta el trabajo de asistente sexual como algo totalmente distinto a la prostitución. Sin embargo, cuando analizo un poco la página encuentro un apartado llamado "Ligoteo". En él se publican los perfiles de las personas con discapacidad y ellas mismas exponen qué buscan. Lo primero que me llama la atención es que de 78 perfiles distintos, tan solo 8 dicen ser mujeres (y digo "dicen" porque la web ya avisa que la comunidad se basa en la confianza mutua y que ellos no verifican que los perfiles anunciados sean quienes dicen ser). Este primer punto supone que tan solo el 10'26% de los clientes potenciales de la organización son mujeres; mientras que la plantilla que ofrece la organización presenta mayor número de varones que de hembras. No obstante, esto podría no tener importancia, estamos asumiendo la heterosexualidad de el total de individuos. Por ello, profundizo en cada perfil. 

Nada más comenzar a leer descripciones, lo primero que me sorprende es que entre los hombres presentados en "Ligoteo" los hay que no tienen ningún tipo de discapacidad, pero buscan a mujeres con discapacidad. El asunto, que ya olía mal desde un principio, adquiere peor forma en mi mente. También me sorprende, aunque quizá no tanto como lo narrado previamente, que muchos de estos hombres con discapacidad especifican que buscan a una mujer sin discapacidad, filtro que las mujeres que se presentan en "Ligoteo" no consideran siquiera, todas ellas dicen "con o sin discapacidad". 

Tras analizar todos los perfiles uno por uno, puedo determinar que 37 de 70 hombres explicitan que buscan sexo, buscando el 94'6% de ellos únicamente a mujeres para tener sexo. Si asistenciasexual.org fuese una web de citas online y no ofertase "asistencia sexual" definiéndola como lo hace y, sobre todo, recalcando que es un trabajo y no un voluntariado (es decir: que se cobra), no habría ningún problema. La cuestión es que no es una web de citas y lo que está haciendo es blanquear la prostitución.



Suiza es el único país europeo que ha regulado la figura del “asistente sexual”. En Bélgica, Holanda y Dinamarca, esta continúa moviéndose en el marco de la alegalidad. El gobierno danés, en concreto, destina parte de los recursos públicos de la salud sexual al servicio de la explotación sexual (también llamada: prostitución). Considero que el posicionamiento respecto a este tema debe ser el mismo que frente a los vientres de alquiler. El deseo sexual o el deseo de ser padres y madres NO es ningún derecho. Por otro lado, la postura regulacionista aplaudiendo la medida del presidente de Francia, hace que me tiemble el cuerpo de terror. Cada día estamos un paso más cerca de convertirnos en un episodio de Black Mirror.  La definición que brinda asistenciasexual.org es utópica, tal y como lo es que las mujeres ejerzan libremente la prostitución. Legalizar la “asistencia sexual” será blanquear parte de esa red de explotación sexual. Consentirlo es toda una incoherencia en la mente de una persona abolicionista.

No sé hasta qué punto debe preocuparme la vinculación que hace Macron entre el sexo y la dignidad. Cuando pienso en cualquiera de mis conocidos que sufre una discapacidad, no creo que la idea de tener que pagar para que alguien mantenga sexo con ellos les resulte digna. No porque ellos no sean dignos de tener sexo, sino porque la explotación sexual hace indigno a todo aquel que la consume y la tolera.

Ahora bien, el debate está servido. ¿Calará hondo en nuestro país? ¿U observaremos a nuestros vecinos hacer y deshacer sin mediar palabra en el tema? La postura cómoda es no opinar. El silencio nos hace cómplices, no debemos olvidarlo. Está en nuestra mano informarnos y pensar más allá de lo que nos quieren vender. 

Tal y como opino con la prostitución, la utopía llevada a la práctica acarrea un sufrimiento (esclavitud, asesinatos) por el cual no merece si quiera la pena brindarle una oportunidad. Blanquear la prostitución apelando a la “dignificación” de un sector vulnerable me parece rastrero y cruel. Que un extraño te masturbe y tú le pagues después por ello es prostitución, esté la persona en silla de ruedas, sea ciega o tenga un trastorno mental. Negarlo es ser un necio.