La historia de Roberto Bubas

Ayer vi en Netflix la película El Faro de las Orcas que cuenta la historia de cómo una madre española y su hijo autista llegan a un faro en la Patagonia argentina ya que el pequeño había visto un documental de National Geographic sobre orcas en este lugar, y por primera vez en mucho tiempo, se sintió feliz. A su vez, cuenta la historia de Roberto, el guarda del faro, un personaje basado en hechos reales. La conexión que el guarda tiene con las orcas y que le enseñó al pequeño autista hicieron que el pequeño pudiese integrarse en la sociedad con mucha facilidad teniendo el cuenta el grado de su trastorno.

Roberto Bubas es la persona que inspira esta película. En una entrevista (ver aquí) para Infobae cuenta cómo consiguió una apasionante conexión con las orcas, de tal modo, que aun siendo orcas salvajes, el guarda juega con ellas, queda con ellas, e incluso nada con ellas. Su historia comienza a sus 20 años cuando se mudó a Puerto Madryn para estudiar Biología Marina. Poco después se convirtió en el guardafauna en Península Valdés. 

En la entrevista él mismo explica que las orcas le permitieron a él acercarse a ellas; entiende que en el mundo natural se puede tener una coexistencia pacífica con los animales siempre que no se intervenga en sus actividades básicas de supervivencia.

Lo más apasionante de la entrevista es cómo ve este hombre el mundo. Explica cómo la naturaleza le ha enseñado tres cosas: actuar con humildad, vivir con simpleza y hablar lo necesario. Explica que no existe ningún pretexto para mantener a un animal cautivo. Roberto Bubas describe cómo ese conjunto de síntomas que llamamos autismo quizás sea la respuesta de un ser sano ante una sociedad enferma. Nos invita a reflexionar sobre las actitudes hipócritas de nuestra propia naturaleza.

Lo que nos resulta innegable es la conexión que el ser humano experimenta con el mundo animal y el mundo natural. Esto lo puede afirmar cualquier persona que haya convivido con un animal e incluso cualquier persona que haya escapado de la ciudad a las montañas, aunque sea para un pequeño viaje de senderismo; todos hemos respirado profunda paz y calma cuando nos encontramos con el mundo natural. 

Quién nos dice que no existe alma en el resto de los seres vivos, que aunque lo neguemos, nosotros también somos animales, y que la respuesta a una sociedad capitalista y consumista que prefiere el poder que otorga el dinero por encima de su propia seguridad en un planeta que cada vez es menos reconocible no sea volver a la Madre Naturaleza.