Esmoreciendo


Esta semana pasada, un grupo de cantareiras estrenó “Contrapunto”, un álbum de música impresionante. Son ya un referente de la música tradicional gallega y han estado en escenarios de Galicia, Sudamérica, Suiza, India y Reino Unido. Con coplas feministas, reinventan la tradición oral con diez canciones que representan cinco sentidos buenos y otros cinco malos siendo los unos el contrapunto de los otros. A diferencia de Taburete, pocos conocen a Tanxugueiras.

De un tiempo a esta parte y, sobre todo en estas últimas décadas, la uniformidad de la música mainstream es un hecho consolidado. Es música predecible, no solo por sus letras rezumantes de tópicos redundantes, sino por sus notas, acordes, estructura y ritmo. A pesar de ello, no es la predictibilidad lo que vengo a criticar, sino la ignorada marginalización de la música ignorada: música que no suena ni a inglés, ni a español, ni a espanglish.

Si abrís vuestro Spotify, YouTube, iTunes o cualquier otra plataforma de música que tengáis en el teléfono y escuchaseis la variopinta amalgama de canciones de cualquiera de las listas de reproducción, coincidiréis en algo: la gran parte de esas canciones, por no decir todas, son en inglés o en castellano. Pero ¿por qué apenas ninguna en gallego, en euskera o en catalán?
Caben muchas razones para explicar este fenómeno. Primero de todo y, a pesar de ser lenguas cooficiales en nuestro país, el gallego, euskera y catalán son grandes desconocidas en España. Son muchas personas las que ignoran lo más básico de estas lenguas, teniendo más conocimientos básicos de inglés o francés que de cualquiera de las lenguas peninsulares. Dicho esto, admito es quimérico pedir que España sepa algo de catalán más allá de “Visca Barça”, pero no parece tanto un imposible cuando hablamos de cultura. Y es que no es solamente la lengua sino, quizás mucho más importante, la cultura de dichas regiones lo que influye a la hora de elegir la música que escuchamos.

La existencia de una cultura dominante provoca una homogeneización musical intrínsecamente ligada a la consolidación de una industria musical cuyo único objetivo es una uniformización de mentes en masa, enmascarándola en un pseudoindividualismo desencadenante de ventas en masa de productos clonificados. La solución a esto pasa por, entre otras muchas cosas, la normalización de las lenguas minoritarias y periféricas, porque en las escuelas de Galicia no tengan el complejo de enseñar más música y cultura gallega, y porque en las del resto de España explicar qué es una sardana sea tan importante como explicar el present perfect.

Decía Castelao que cuando a un pueblo, que canta y habla en una lengua creada por su propio genio, se le impone la obligación adoptar otra ajena a su personalidad, la lengua termina esmoreciendo, empezando por la inhibición y acabando por la impotencia. Por ello, España nunca conocerá a Tanxugueiras como conoce a Taburete.

Pablo Pardavila Romero