Los inicios son complicados


Manuel Ríos San Martín, guionista, productor, director, escritor y padre de tres hijos en plena juventud se acerca a nosotros para darnos su visión de cómo era trabajar en los 90 cuando era joven ahora que tanto se habla de la precariedad de los primera trabajos. Una mente inquieta que ha lanzado la tercera edición de su último libro "La huella del mal", participa en nuestra primera tribuna. ¡Gracias, Manuel!

Últimamente, he hablado con varios chicos y chicas jóvenes que están empezando a trabajar y que se quejan de lo difíciles que son ahora los comienzos, que abusan de ellos, que les pagan mal, que son mileuristas... ¿Ahora? ¿Pensáis que antes era mejor?

Os voy a contar cómo empecé yo en los míticos 90.


Para mí, todo empezó el día en que terminé la Universidad (entonces llamada Imagen y Sonido) y encontré un cartel donde se pedía un guionista para un nuevo proyecto. Se trataba de desarrollar una serie ambientada en un colegio mayor que debía ser algo disparatado. El proceso de creación fue laborioso e incluso arriesgado para mi salud y la de Nacho Cabana, mi socio de entonces. De los que arrancamos la serie Colegio Mayor (Telemadrid) ninguno habíamos escrito antes una ficción. Y mucho menos, una que se fuese a emitir de verdad. Ninguna de las partes implicadas, cadena de televisión, productora, había desarrollado una. Vamos, que había que inventarse cómo hacerlo todo. Este proceso de "creación" (un pasito para adelante, dos para atrás) duró un año, en el que se desengancharon muchos de los que lo empezaron. Pero Nacho Cabana y yo seguimos.

Como la productora nos veía demasiado jóvenes (creo recordar que yo tenía 25 años y Nacho 23) nos pusieron unos coordinadores de guion para supervisarnos. El resultado fue que nosotros ganábamos 50.000 pesetazas cada uno por escribir un guion, y los coordinadores, que apenas hacían nada, se llevaban 100.000. O eso nos dijeron. Y así fueron pasando los capítulos, la serie se empezó a grabar y nosotros estábamos encantados. Con alguna salvedad. Y es que no habíamos cobrado todavía ni un duro. Eso sí, habíamos visto como a Quique San Francisco le adelantaban a cuenta 500.000 pesetas varios meses antes de empezar la grabación. Pero nosotros estábamos ilusionados, nos sentíamos "jóvenes y brillantes". Recuerdo ese verano, ya del 93 en Madrid, olvidadas ya la Expo de Sevilla y las olimpiadas, paseando con Nacho por la calle Alcalá; habíamos estado trabajando hasta las tantas sin comer, así que salimos a la calle dispuestos tomar una merecida cena… En ese momento nos dimos cuenta de que no teníamos ni para ir a un Vips. Nos debían mucha pasta. Y no nos trataban muy bien. Pero aguantamos. Y así fueron pasando los guiones y acumulándose la deuda, hasta que llegó un día en que, por una casualidad, nos enteramos de que la productora no cobraba 200.000 pesetas por episodio como nos habían dicho, sino 700.000. Vamos, que nos tangaban 500.000. Ahí llegamos al límite. Esa noche teníamos que entregar el capítulo 9. Habíamos quedado en el café Comercial con los coordinadores. Trazamos un plan: no íbamos a entregar el guion si no nos pagaban 125.000 a cada uno. O sea, 250.000 sobre 700.000. Vamos, una mierda. Pero era nuestra mierda para poder cenar en el Vips, al menos. Ya en esa época, se iba muy pillado en la grabación por lo que ese guion entraba en plató un día después y corría prisa. Llegamos a la cita y explicamos nuestras pretensiones. Casi llegamos a las manos. El camarero del café tuvo que intervenir. A pesar de las amenazas nos mantuvimos firmes y no entregamos el texto. Les dimos una hora para que se lo pensaran y recuerdo que nos marchamos a casa de mi madre a tomarnos una tila. Había resultado bastante violento.


Volvimos a la cita una hora después, y aunque continuó el tira y afloja, firmamos por 125.000. Nos sentíamos como los Maradonas del guion. Pero no quedó ahí todo, nos siguieron amenazando, que si nos iban a enviar unos matones, que si ese era el último que escribíamos. Cuando eres joven te parece que de verdad se puede acabar con tu carrera así de fácil. Nos mantuvimos fuertes a pesar de eso. Y, por una vez en la vida, hubo "justicia universal": un día, los coordinadores se equivocaron y mandaron a Telemadrid nuestro guion original sin editar por ellos. Cuando se dieron cuenta, enviaron el suyo. Telemadrid comparó las dos versiones y decidieron que ya no necesitaban a unos coordinadores de guion que estropeaban los capítulos. El nuestro les había parecido mucho mejor. Pasamos de estar amenazados y sin poder cenar a tener bastante control sobre la serie y una magnífica relación con Manuel Valdivia, entonces director de ficción de la cadena.

Otro tema fue cobrar. Tras esta experiencia, el cobrador del frac a nuestro lado era un aprendiz. De hecho, llegamos a hablar con esa empresa, aunque no nos decidimos a utilizar sus servicios. Todos los viernes nos pasábamos con la moto por las oficinas de la productora, que llegó a debernos un millón de pesetas a cada uno. Subíamos, nos hacían esperar un montón, pero no cejábamos en el intento. Cuando por fin nos recibía el productor, miraba su cartera y veía lo que llevaba. Un día nos pagaba 20.000. Otro 35.000, y así fuimos cobrando. Tardamos un año, pero al final conseguimos nuestro dinero, aunque posiblemente lo habíamos gastado ya en gasolina para la moto.

La serie se estrenó en Telemadrid el día 12 de enero del 1994. Creo recordar que dio un 28 por ciento de audiencia, que estaba muy bien para la época. Dos días después, salió una crítica de Boyero con el mismo título que este artículo, donde venía a decir que Quique San Francisco era muy divertido, pero que la serie no tenía ni puta gracia. Yo pensé, ¿me habré equivocado de profesión?, año y medio luchando por sacar adelante un proyecto, conflictos con la productora, con el director, amenazas, impagos... y a él le bastaba con escribir 10 líneas sobre lo que reconocía que, prácticamente, ni había visto para cobrar su sueldo.

Bah, pensé... me gusta mucho más lo que hago yo. Y lo sigo pensando.

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