No me gusta volar

5 de la mañana. Ojo abierto. ¿Puedo hacer el check-in online? Mamá, necesito pagar por otra maleta. ¿Cuántos “pounds” son 20 kg? 7 de la mañana, 11 horas para el vuelo. Cierra maletas. Limpiacristales. Café, tarta. Sueño en el sofá. Es la una de la tarde, sal de casa. Abrazos fuertes, nudo en la garganta, moco tendido. Coche. Gasolinera y canciones country. Más mocos. ¿Será esta la última vez que vea este paisaje? Espero que no. Desierto. Más desierto. Pienso en todas las personas que dejo atrás, en el año que dejo atrás, en una etapa que acaba. Soy una persona con dos vidas. Espero que nada haya cambiado cuando vuelva, y si cambia, porfa plis, que solo sea a mejor. Prefiero no pensarlo. Moco. Autopista. Mucho asfalto. Parada, comida. ¿Por qué en los burritos californianos ponen patatas fritas dentro? Me gusta. Sangría. Aeropuerto. ¿Por qué de repente ha volado el tiempo? No me quiero ir. Más abrazos, más nudos en la garganta, muchos mocos. Me da su gorra. "Para que no te olvides de mí;" Huele a él. Último adiós. Demasiados mocos. Ahora puedes hacer el check-in tú mismo en una de estas maquinitas que además te dan las etiquetas de las maletas para que tú las pegues. No me gusta. La tecnología nos invade. Cola para entregar las maletas. Mierda, no tengo candados. Veo a una señora con tres niños detrás de mí. Es española, de Madrid. Qué suerte, si voy a dejar mis maletas a un desconocido al menos que sea española. 4 candados. Vuelvo a la cola, respiro. Entrego las maletas. Las pesan, sudor frío en la frente. Todo en orden. ¿Dónde tengo que ir ahora? Control de seguridad. Veo a una chica de mi edad llorando. Mocos. Es de Tenerife “¿Estás bien? tengo clínex”;  Es au pair. Me cuenta su historia como niñera. La niña que cuidaba la llamaba mamá. Más mocos. Puerta de embarque. Última llamada. Me meto en el avión. Reconozco a una youtuber entre los pasajeros. Qué gracia. Parece que pasillos de los aviones se estrechecen a medida que avanzas. Me siento. La au pair a un lado, tiene fiebre, se toma un paracetamol. Pobrecita. Al otro lado un chico mayor que yo. Sevillano. Ha ido a California diez días a surfear. Me cuenta su historia. Envidia (sana). Estoy volando. ¿Cuándo hemos despegado? ¿Me duermo o peli? 3 euros por los cascos. The Great Gatsby. Me duermo. Me despierto. Mierda, solo ha pasado media hora. ¿Qué voy a hacer en Madrid? El sevillano jugando al Candy Crush. Me duermo. Me despierto. No mires la hora, vuelve a dormirte. Me duermo. Me despierto. Quedan 3 horas. Bueno, podría ser peor. The Great Gatsby desde el principio. Me gusta. Turbulencias. El avión se mueve demasiado. Paro la película. Respiro. Mantén la calma. Boto. Oigo “uuuhh” ¿Es esto una montaña rusa o un avión? Respiro. Me agarro al asiento. “Ladies and gentlemen please remain calm” No puede ser. Respiro. Empezamos a disminuir altura. Boto. La au pair se ríe. “Qué aterrizaje más largo”, comenta el Sevillano. Aterrizamos. “Que alguien me saque de aquí” pienso. Me dejan salir. Control de pasaporte. Sonrío sin gracia al policía. Maletas. ¿Qué cinta es? Mi tabla de surf se cae encima de una señora. Me disculpo. Salgo. Veo a mi familia. Nada ha cambiado. Bienvenida a casa. 

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