Lo que flota alrededor del Open Arms

Desde que, a comienzos de agosto, el barco de la ONG española Open Arms rescató a más de 100 inmigrantes de dos barcas en aguas libias hay marejada en el mar de la política nacional y europea. Alrededor de este nuevo rescate surgen las mismas y otras preguntas que en anteriores ocasiones, pero ahora estamos en verano y se le hace más caso o quizás hay más tiempo para hablar de ello. En tertulias, periódicos, conversaciones alrededor de una cerveza y grupos de WhatsApp se vierten opiniones, se afirma, se pregunta y se sentencia. 

¿Por qué no los llevan a Libia o Túnez?

Si están tan cerca de Libia o de Túnez, que los lleven allí, piensan algunos. La ley de salvamento internacional dicta atracar en el "puerto seguro" más cercano. En el caso de Libia, se trata de un país descompuesto por una guerra civil, infestada de mafias (no es raro que las pateras salgan de sus costas) y devolverlos allí sería casi igual que dejarlos morir en el mar. Parece evidente que no se le puede pedir eso a una ONG.

En el caso de Túnez, es un problema de falta de legislación, de infraestructura y de voluntad política, como se puede leer en este sencillo artículo. La falta de legislación hace que los inmigrantes no se encuentren en una situación segura mientras estén allí. La falta de infraestructura para albergarlos, otro tanto. Y aunque una posible solución sería implementar una ley de inmigración que permita el desembarco en sus puertos, no existe un acuerdo suficiente entre los partidos políticos, pues muchos ven que esto supondría tener que acoger (entonces sí) a cientos de inmigrantes.

Puerto seguro

Como decimos, las leyes internacionales obligan a llevar a los rescatados a un puerto seguro y eso es lo que hace, por ejemplo, la Unión Europea. Desde 2015 se desarrolla la operación Sophia, en la que participan medios marítimos de varios países europeos (por supuesto, España entre ellos). En los dos primeros años de la operación Sophia, la fragata española Canarias rescató a más de 1.800 personas en el Mediterráneo. Estos inmigrantes fueron trasladados a países africanos con suficientes infraestructuras (Marruecos, entre otros) y también a España. Si la embarcación a la deriva es interceptada en el mar de Alborán, por ejemplo, no es raro que esos inmigrantes sean trasladados a puertos españoles. De ahí se ordena su devolución a su país de origen, previo paso por un centro de internamiento (CIE) o de estancia temporal (CETI). La eficacia de este sistema, bastante cuestionada, da para muchas más líneas, pero no puede ser un argumento para evitar rescatar a quien está en peligro de morir en el mar.

Efecto llamada

El rescate de inmigrantes no produce un efecto llamada. La llegada de estos inmigrantes suele suceder a través de mafias que previamente ya los han extorsionado y exprimido al máximo, por lo que la suerte de sus "clientes" y si finalmente llegan al destino prometido les da bastante igual. Además, existen muchos otros factores para que aumente la llegada de inmigrantes ilegales, desde la época del año (por la climatología), la política más o menos restrictiva de otros países (el cierre de fronteras de Italia o de Malta influyó, lógicamente), la situación de los países de la otra orilla (la situación política en Libia, así como una posible relajación de los controles en Marruecos) o el lugar de origen de los inmigrantes (si provienen de la zona occidental de África, la ruta más corta es hacia España).

"Si no les rescatamos, dejarán de intentarlo"

Error de principiante. A poco que uno busque y lea sobre qué hace que los inmigrantes salgan de sus países de origen, entenderá que no tienen opción. Quedarse en su país no es una alternativa. Allí se arriesgan a morir de hambre, ser asesinados, reclutados, violados, esclavizados... Todo depende de cuál sea el origen de la crisis de su país. Y es verdad que todo eso puede sucederles en el trayecto hacia Europa, pero también puede ser que tengan algo de suerte y logren prosperar. Solo por eso, les vale la pena intentarlo. Además, estos viajes suelen durar meses e incluso años, no es algo improvisado. ¿Alguien se imagina a un inmigrante subsahariano "animándose" a venir a España porque se ha enterado (si es que se entera) de que el presidente español de turno ha decidido apoyar el rescate de una patera...?

Intereses políticos y económicos

Tras toda esta polémica del rescate del Open Arms entiendo que, efectivamente, hay una voluntad de crear debate. Las ONG lo usan para presionar a los políticos europeos, la Iglesia llama a la conciencia de la gente y hay partidos políticos que utilizan todo este asunto para arrearle al contrario, para apuntarse un tanto o para crear falsa alarma social. Ojalá fuese más un debate moral y sobre la solidaridad que sobre estrategias políticas, pero no es así.

Yendo un paso más allá, hay quien sugiere que todo esto le interesa a la propia ONG ya que, como organización privada, necesita obtener fondos. Uf... Está claro que todo esto les da notoriedad y puede animar a determinadas personas a aportar su dinero a esta u otra ONG que realice este tipo de rescates, pero razonar que en el fondo de su acción está el interés económico por encima del hecho en sí de salvar personas es desconfiar demasiado del ser humano.

Por ser humano
Y en el fondo de todo este asunto, surge la necesidad de preguntarnos: ¿No debería resultarnos natural toda esta solidaridad? Defendemos de viva voz los derechos humanos pero no queremos que se apliquen. ¿Por qué nos incomoda? No nos están mandando a nosotros a rescatarlos. Ni siquiera nos están metiendo a un refugiado o a un inmigrante en casa. ¿Por qué nos revolvemos contra estos rescates?

El rector de la Universidad Pontificia Comillas, Julio L. Martínez, analiza esta cuestión en una reciente tercera en ABC y llama la atención sobre la desconexión entre las personas en el mundo globalizado, una globalización que considera "excluyente". Y frente a esta sociedad en la que impera "la desintegración social, la manipulación del poder y el individualismo", él propone volver a crear comunidades. La solidaridad se aprende en comunidad, surge de la empatía, de ponerte en los zapatos del otro. Solo si conocemos la realidad de los más vulnerables (y no hace falta irse a Lampedusa) podremos ser capaces de ponernos en su lugar y defender siempre una oportunidad más para ellos. Quizás debamos salir más de casa y tocar a los que tenemos más cerca y más nos necesitan. Quizás debamos desvirtualizarnos un poco.

Post Data
Finalmente los inmigrantes rescatados por el Open Arms este mes van a ser repartidos entre Francia y Alemania (acogen 40 cada uno), España (15), Portugal (10) y Luxemburgo (2). El resto, menores y convalecientes, están a la espera de la decisión de Italia.

Photo by Alexander Sinn on Unsplash

Publicar un comentario

2 Comentarios

  1. Estimado Fernando. Gracias por tu articulo que refleja las distintas visiones y enfoques de este triste suceso. Me gustaría añadir además un efecto colateral tanto del Aquarius como del Open Arms y es la criminalización de la solidaridad. Hemos leído y oído poner en duda el valor de la solidaridad, el de poner la vida de las personas por delante y yo diría que esos comentarios buscan un objetivo perverso, convencernos de que quienes practicamos los valores que fundaron nuestras sociedades somos sospechosos de hacer algo contra el resto de nuestros conciudadanos. En Francia se penaliza a los que ayudan a los migrantes ( délit de solidarité), en Hungría se castiga con prisión a quien ayude a un solicitante de asilo etc, la activista de Derechos Humanos en Marruecos, Helena Maleno ha estado a punto de ir a la cárcel por ayudar a las personas migrantes que se juegan la vida cruzando en pateras los 16 km que nos separan de Africa. Muchas gracias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu comentario. Harían falta muchas más líneas para abarcar todos los aspectos de esta cuestión tan compleja. Un saludo!

      Eliminar