El imperio en la sombra

EL IMPERIO EN LA SOMBRA


China y su estrategia para establecerse como hegemón global.


No es ningún secreto que desde hace unos años la economía china puja por plantarle cara a Estados Unidos y convertirse en un gran peso global. Sin embargo, lo que mucha gente ignora es que más allá de una simple ambición económica, China tiene un macro plan geoestratégico, tecnológico y político para tejer unas redes de poder mundiales que no puedan desafiar su poder.

Muchos piensan que China no se enfrenta militarmente a Estados Unidos simplemente porque sabe que perdería una guerra contra los norteamericanos. En su lugar, utiliza su otro gran arma: la inversión. Si algo ha hecho bien China en los últimos años es crecer, exportar y ganar, y así en un bucle infinito que legitima el sistema político al garantizar a sus ciudadanos (si no democracia) más prosperidad de la conocida en el siglo XX. Gracias a esta prosperidad, China amasa ahora grandes reservas de dinero sobre las que se sienta su líder, Xi Jinping, una figura clave en la actual expansión del gigante asiático. Gracias a estas reservas de dinero chinas, el país se ha dedicado a invertir en elementos estratégicos por todo el globo.


Tomemos América Latina, por ejemplo, una región que a priori podría parecer poco relevante para China. Nada más lejos de la realidad. China le ha prestado un total de $150,000 millones a países latinoamericanos desde 2005, de los cuales la mayoría han ido a infraestructuras y explotación de recursos energéticos, pero también a la compra de medios de comunicación más favorables a China. El resultado:  los países latinoamericanos parecen estar cambiando sus afinidades, sustituyendo sus amistades con estados Unidos por la de los asiáticos. La prueba tangible es que países como El Salvador, Panamá y la República Dominicana han roto relaciones diplomáticas con Taiwán (recordemos que la regla número uno para llevarse bien con China desde un punto de vista diplomático es aceptar la doctrina “Taiwan es parte de China”).


Esta inversión de China no solo es visible en Latinoamérica, sino en toda Asia, Asia Central, Oriente Medio, Europa y África. Todo con un claro propósito: China se presenta como el amigo que te tiende una mano cuando estás en problemas, te presta dinero (véase Venezuela o Grecia) y te despide con una palmadita en la espalda y un “ya me lo pagarás cuando puedas”. A cambio, extiende su esfera de influencia y gana el favor y apoyo de países estratégicos. Por ejemplo, invirtiendo en Nigeria y Angola, países ricos en petróleo, asegura la supervivencia de un país en el que, recordemos, viven 1,300 mil millones de personas, y que enfrenta graves problemas para abastecer a su población y su industria con recursos energéticos. A la vez, se asegura el apoyo de la comunidad internacional mientras gota a gota va legitimando los valores y políticas del país de cara al mundo, asegurándose de que nadie le ponga mala cara por ocupar el Tibet o pelearse en el Mar del Sur de China.


De todos modos, si aún te queda alguna duda sobre el grado de sofisticación del Gran Plan Chino, aquí tienes el ultimo retoque: China invierte más que casi cualquier país en I+D y su particular configuración política, en la que el Estado ejerce gran control sobre las empresas, permite al gobierno inyectarle a su industria una fuerza competitiva enorme. De hecho, tanto EEUU como la Unión Europea se han quejado en varias ocasiones sobre los subsidios chinos y la consecuente creación de una competencia desleal en el mercado global por culpa de la cual nadie puede competir con los precios chinos. Así, hemos sido testigos de la llegada de empresas chinas que le disputan el mercado a las más consolidadas incluso en industrias en las que los chinos nunca habían destacado (por ejemplo Lenovo, Xiaomi o Huawei en el mundo tecnológico). Incluso ha habido rumores sobre la posibilidad de que China, a través de estas empresas, esté recopilando datos de los usuarios de forma ilegal.

Sea como sea, la realidad es que China cada forma cada vez más parte de nuestras vidas, tanto de forma visible como invisible, y simplemente debemos ser conscientes de la situación si queremos entender la dinámica internacional actual. Al fin y al cabo, la clave de China es que es un país no democrático, y como tal, no debe someter su gran plan a los ojos de la opinión pública ni a más instituciones que al propio Partido Comunista Chino. Vaya, lo bueno de tener una autocracia, es que puedes ejecutar un plan a largo plazo sin temor a que nadie lo eche por tierra cuando acabe tu turno. Un gran plan sin fallos.



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