Valores fuera

Por Fernando Santos


"La democracia es un sistema de valores". Esto es lo que me decía mi amigo Iñaki hace unas pocas semanas. Discutíamos a raíz del penúltimo caso en el que un colectivo se siente atacado. En esta ocasión se trataba de que un concursante de Operación Triunfo había dicho "¡me cago en la Falange!". El partido en cuestión había exigido disculpas, RTVE se disculpó en cierto modo a través de las redes..., de tantas veces que pasa ya ni nos escandalizamos.

"Y por lo tanto, no puede aceptar aquello que vaya contra esos valores", continuaba Iñaki. Con todo esto venía a decir que si un partido propusiera, por ejemplo, ideas fascistas en su programa, no se le debería dejar participar en unas elecciones democráticas. En este caso no se refería a la Falange (a día de hoy es un partido plenamente legal) ni a ningún otro, pero sí a ciertas corrientes que estamos viendo en Europa.

De primeras, su afirmación me pareció un tanto severa, tajante. Le he seguido dando vueltas estas semanas y, como si el destino quisiera ayudarme a seguir pensando, leyendo Breve historia del mundo contemporáneo, de Juan Pablo Fusi, me encuentro que este buen catedrático (ya retirado) explica, hablando de la Europa del año 2000: "Europa occidental era una sociedad abierta y plural pero también, una sociedad sin verdades absolutas, marcada por el relativismo moral, la fragmentación del conocimiento (...) y por el triunfo de la publicidad y del consumo (y por ello, lo banal y lo efímero)".

Habla en pasado pero es un diagnóstico del presente. El Tratado de Lisboa de 2007 recoge como valores fundamentales de la Unión Europea "el respeto a la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad y los derechos humanos". Pero después la propia Unión se enmaraña en la burocracia y las votaciones que permiten que unos países acojan a refugiados y otros no; o que algunos países alambren su frontera; o que no permitan atracar en sus puertos buques cargados de gente moribunda... Y lo hacen porque entramos en una discusión sobre qué tiene más peso, si el bienestar, la seguridad (¿?) y la soberanía de los países o esos valores que citábamos más arriba. 

Supuestamente, esos valores universales que inspiran esta unión de países deberían estar por encima de todo. Pero sucede que los relativizamos. Llamadme loco pero a veces me gusta buscar en el diccionario de la RAE el significado de las palabras que voy a usar. Según la Real Academia, relativo quiere decir: "Que no es absoluto / No mucho, en poca cantidad o intensidad / Discutible, susceptible de ser puesto en cuestión".

Así, son valores universales, en teoría, pero no son absolutos en la práctica. Los defendemos en público... hasta que chocan con alguna cuestión interna. Entonces dejan de ser absolutos, si alguna vez lo fueron. Defendemos el respeto a la dignidad humana hasta que ponemos por encima nuestra estabilidad como Gobierno, hasta que nos escudamos en la soberanía nacional (esa misma que hemos acordado ceder al pertenecer a la UE)... y nos ponemos a echar balones fuera. O más bien, valores fuera.

Si un partido político lleva en su programa político o promueve en sus discursos cerrar las fronteras a los inmigrantes que vienen en busca de asilo o refugio, está yendo en contra del respeto a la dignidad humana, la libertad, la igualdad y los derechos humanos. Si de verdad nos creemos que estos son los valores en los que se basa la Unión, deberíamos considerarlos absolutos y apartar a quienes quieran debilitarlos con su relatividad. Si todo es relativo, nada está bien ni mal, todo depende de la posición desde la que se mire. Y entonces todo vale. Y entonces nada sirve. Y así esta Unión se vuelve inútil.

Photo by Chelsea London Phillips on Unsplash

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