Cuidarse sin culpa

Por Sophie Carvallo

Parece que cada minuto que nos dedicamos va atado a un sentimiento de culpa. Porque cada minuto dedicado a nosotros mismos lo podríamos dedicar a trabajar, a estudiar o a ayudar a alguien. Parece que siempre nos queda poco tiempo, que el futuro se nos abalanza y que no hay tiempo para tomárselo con calma. Se nos echan encima las fechas límite, las entregas y los meses parecen convertirse en minutos.


Parece que nuestro tiempo solo vale cuando estamos produciendo, cuando estamos creando y trabajando. El tiempo dedicado a uno mismo no lo solemos relacionar con estos conceptos. Y por ello nos inventamos métodos, sistemas y programas en los que hasta cuando descansamos es con el fin de ser más productivos después. Parece que ya no nos tomamos el tiempo de perdernos en nuestros pensamientos, ni de imaginar, ni de bailar en casa al son de nuestra canción preferida. Si meditamos es para estar más concentrados al trabajar, y si salimos a correr es para despejar la mente y volver a las andadas. Las vacaciones son para poder aguantar lo que viene después. Cada minuto de descanso no es descanso de por sí, si no una preparación para lo que viene después. 


Parece casi un acto revolucionario, pensar en no pensar, perderse en uno mismo, cuidarse sin culpa. Especialmente hacerlo conscientemente, dejarse tiempo al lado para justo eso, estando presente al no estar presente. Parece complicado pensar en términos no productivos, no previsores. Parece más complicado todavía distraerse sin distracciones, pero creo que no hay cosa mejor que perderse en uno mismo, explorar nuestra propia mente y conocernos mejor. 

Quizás es el momento de volver a esos momentos de la infancia en los que el tiempo parecía sobrar y las posibilidades eran infinitas, los momentos en los que el mayor entretenimiento y el mejor pasatiempos que había era estar sola, en la habitación, ideando complejos mundos en los que se vivían aventuras inolvidables. Quizás parte de ser adulto es saber encontrar la curiosidad que teníamos de niños, recuperar las ganas de soñar y no centrar nuestra vida en lo que está por venir. Quizás nos hace mejores personas. 
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Sophie Carvallo

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