2023: una secuela esperada


2022 ha sido un año impactante. Si 2020 y 2021 han sido percibidos erróneamente como "lo peor que podía pasar", 2022 ha demostrado que, de hecho, esto solo acaba de empezar. Desde el punto de vista geopolítico, 2022 ha sido testigo del regreso de viejas rivalidades. Desde el punto de vista económico, la gran moderación, el periodo de cuatro décadas de actividad e inflación en gran medida estables, ha quedado atrás, y los gobiernos se encuentran ahora inmersos en una batalla contra la inflación que, de continuar como hasta ahora, están predestinados a perder. En los mercados, la incertidumbre macroeconómica ha convertido la volatilidad en la nueva norma. Las repetidas sorpresas inflacionistas han disparado los rendimientos de los bonos, aplastando la renta variable y la renta fija. 2023, lejos de ser un año de recuperación, será una mera continuación de este, ayudando a que se asiente un nuevo régimen global, el mismo que empezó a tomar forma cuando el mundo se detuvo abruptamente en 2020.

Estados Unidos: un aterrizaje suave en detrimento de Europa

Estados Unidos está siendo cuestionado como rey económico y militar. Pese a haber tenido lo más parecido a un dominio global desde el colapso de la URSS, su poder se encuentra ahora en entredicho. El rápido crecimiento de China en términos económicos y de influencia mundial fue la primera gran resistencia ante Estados Unidos. Ahora, la invasión rusa de Ucrania ha recordado a Washington que hay más potencias nucleares dispuestas a hacer lo que les plazca exclamando "¿y qué estáis los americanos dispuestos a hacer al respecto?".

2023 verá cómo la defensa vuelve a convertirse en una prioridad absoluta para la Casa Blanca, con la disuasión convencional y estratégica volviendo a su papel de la guerra fría. Una vez más, EE. UU. volverá a jugar su particular partido por la hegemonía, no frente a sus costas, sino en suelo europeo. Su pulso con Moscú pasará factura no a las familias estadounidenses, sino a las alemanas, polacas y españolas.

Menos expuesto a la crisis energética que nosotros, el consumidor estadounidense desafió las expectativas mundiales apoyando el crecimiento del PIB a pesar de la subida de los tipos de interés y la elevada inflación. Tras la subida de 50 puntos básicos la semana pasada, la Reserva Federal proseguirá su tendencia de subidas de tipos, reduciéndolas a dos nuevas subidas de 25 puntos básicos en febrero y marzo, antes de ponerles fin definitivamente. Las condiciones financieras se endurecerán enormemente, pero quizá no se llegue a una recesión, con un crecimiento previsto del PIB en torno al 0,5%.

Europa: un aterrizaje de emergencia

La guerra ha vuelto a Europa y la UE se encuentra en un conflicto de múltiples frentes a los que la Unión no podrá prestar atención de manera simultánea. Una victoria ucraniana no será posible sin un K.O. energético y económico de Europa, una victoria rusa simplemente no es una opción. Ni siquiera es un dilema político, es más bien una apuesta a todo o nada para impedir que Moscú se lleve lo que quiere. 

En 2023, la trayectoria de la guerra seguirá estando determinada por múltiples factores en ambos bandos, como las capacidades militares, la determinación política y pública de seguir luchando, así como la disponibilidad de recursos financieros y económicos. Aunque ninguno de estos factores por sí solo es suficiente para lograr una victoria, el fracaso en alguno de ellos podría obligar a cualquiera de las partes a hacer concesiones dolorosas. Quizá el factor más importante para determinar el resultado de la guerra sea el grado de apoyo internacional continuado a Ucrania. Esto implica no solo ayuda militar, financiera y humanitaria, sino también respaldo político para buscar un acuerdo que sea aceptable para Kiev.

Rusia está intensificando sus llamamientos a la negociación tras una serie de derrotas desde finales de verano, entrelazando las peticiones de un alto el fuego con amenazas de un apocalipsis nuclear, señal de que la guerra en Ucrania se está convirtiendo en una montaña insuperable para el Kremlin. Sin embargo, es poco probable que este conflicto llegue a su fin en los próximos 12 meses. Se ha derramado demasiada sangre como para que Moscú o Kiev negocien sobre bases desiguales. Si existe un escenario con el que ambas partes estén contentas, todavía no está a la vista.

Mientras tanto, gran parte de Europa está predestinada a una recesión, ya que el BCE ha endurecido persistentemente su política monetaria para bajar la inflación hasta el 2%, un escenario que no es posible, ni ahora ni en ningún futuro previsible. Lagarde seguirá impulsando nuevas subidas de tipos, pero las políticas clásicas de inflación cambiarán a no mucho tardar. El ciclo de subidas desmesuradas de tipos se detendrá mucho antes de que la inflación vuelva a su objetivo del 2%. La inflación se moderará a medida que productores y consumidores aprendan a vivir con ella.

Más allá de las perturbaciones en el lado de la oferta, tres limitaciones a largo plazo mantendrán un nuevo régimen de inflación moderada y constante: el envejecimiento de la población, el fin de la globalización tal como la conocemos y la transición a un mundo cero-emisiones. El viejo principio de que la recesión impulsa la inflación a la baja ha desaparecido. Los inversores recurrirán a los bonos ligados a la inflación y a los activos reales, y la muchas de las naciones europeas verán caer en picado el crecimiento de su PIB por debajo del 0% y no volverán a ver la luz hasta el año que viene por estas fechas, o incluso a principios de 2024.

España: una de cal y otra de arena

Al igual que en el resto del mundo, desde septiembre, los indicadores de actividad disponibles de la economía española apuntan a una tendencia de desaceleración gradual que se espera que continúe hasta mediados de 2023. La pérdida acumulada de poder adquisitivo de los hogares, la crisis energética, el previsible debilitamiento de la actividad de los principales socios comerciales (menos turismo, menos exportaciones de bienes industriales), las subidas acumuladas de los tipos de interés y la incertidumbre económica y política (hay elecciones locales en mayo y generales en diciembre de 2023) pesarían en el ánimo de empresas y hogares.

En el plano político, el presidente Pedro Sánchez se encamina hacia un importante enfrentamiento con el poder judicial, en una escalada hacia un trasfondo político cada vez más populista. Los legisladores están votando una propuesta que permitiría al Gobierno incluir a sus dos candidatos en el Tribunal Constitucional, modificando el funcionamiento del Consejo General del Poder Judicial. De llevarse a cabo, este cambio supondría un golpe a la democracia española y podría atraer el escrutinio de la UE, como ya sucedió con Polonia cuando intentó llevar a cabo reformas similares de sus poderes. Un mal momento si se tiene en cuenta que España necesita más fondos de recuperación de la UE "Next Generation".

Económicamente, se puede dar un frenazo más leve de la economía española frente al resto de la Eurozona por la menor exposición a un corte del suministro de gas, dada la menor dependencia de los suministros de gas ruso. Durante los últimos meses de 2022, el Gobierno español ha tomado medidas para evitar posibles interrupciones en el suministro energético. Para ello, ha fomentado la reducción del consumo, una mayor diversificación geográfica de las importaciones de gas y la promoción de fuentes de energía alternativas. En este sentido, la favorable contribución de las energías renovables a la producción de electricidad (39,9% del total a finales de octubre, frente a una capacidad instalada de electricidad verde del 60%) juega a favor de la economía española. Al mismo tiempo, la aplicación en el verano de 2022 de la llamada "excepción ibérica" ha permitido una reducción considerable de los precios de la electricidad.

Aunque todavía se habla de recesión técnica, la mayoría de los expertos esperan que el crecimiento del PIB no baje del 0,5% en 2023. El sector inmobiliario, el talón de Aquiles económico de España, está demostrando ser resiliente a pesar de los altos tipos de interés. Podría sufrir una desaceleración gradual en 2023, pero con las cifras de empleo estables dentro del contexto actual, es poco probable que estalle. En términos financieros, hasta finales de octubre, el índice IBEX 35 tuvo un mejor comportamiento frente a sus homólogos europeos. Sin embargo, a lo largo del mes de octubre, el resto de índices europeos igualaron o incluso superaron el comportamiento del IBEX. Por último, el año 2023 también es un año electoral, que con el riesgo de un aumento del gasto fiscal, puede hacer estragos en los activos de deuda.

China - Vuelta al crecimiento, estabilización de las relaciones exteriores

Tras un año dominado por las luchas políticas con vistas al XX Congreso del Partido y por el mantenimiento de la política de covid-cero, China volverá a centrarse en el crecimiento económico en 2023. Su obsesión por derrotar al virus y el hundimiento del mercado inmobiliario arrastraron el crecimiento del PIB en 2022 muy por debajo del objetivo oficial del 5,5%, pero la parálisis política previa al Congreso del Partido pareció impedir una respuesta agresiva. Sin embargo, tras el Congreso, los responsables políticos dieron a conocer una serie de medidas para apoyar el mercado inmobiliario, mientras que las protestas callejeras les empujaron a acelerar el fin de las restricciones covid. 

En política exterior, Xi Jingping ha reanudado los viajes al extranjero y ha recibido en Pekín a varios líderes extranjeros. Mientras tanto, Xi Jingping se distanció modestamente de la guerra de Rusia en Ucrania, condenando la amenaza de Moscú de utilizar armas nucleares. Una reunión entre el líder chino y el presidente estadounidense, Joe Biden, pareció indicar la intención de ambas partes de evitar un mayor empeoramiento de las relaciones bilaterales. Las tensiones en torno a Taiwán seguirán latentes en 2023, pero tanto Washington como Pekín se han comprometido a mantener la comunicación, incluso entre sus dos ejércitos, para evitar cualquier escalada imprevista que pueda desembocar en una crisis. 

En un nuevo régimen mundial, surgirán nuevas prioridades


Hemos entrado en un nuevo orden mundial. De la globalización se ha pasado a un mundo fragmentado, con bloques que compiten entre sí a costa de la eficiencia económica. Las empresas tendrán que buscar proveedores locales con mayor frecuencia, y habrá por ello nuevos desajustes entre la oferta y la demanda de bienes y servicios.

La invasión rusa de Ucrania ha desencadenado una búsqueda de la autosuficiencia económica, ya que gran parte del mundo occidental ha situado ahora la seguridad energética como prioridad principal. La fragmentación geopolítica fomentará un mayor nivel de riesgo permanente en todas las clases de activos, a la vez que la atención del mercado seguirá fijada en el riesgo geopolítico. Esto contribuirá a un nuevo régimen, de gran volatilidad y alta inflación persistente.

Por otra parte, este nuevo escenario acelerará significativamente la transición energética. Antes impulsada para reducir las emisiones, la transición es ahora también una prioridad económica para lograr el autoabastecimiento energético. La I+D y la inversión en este sector no harán sino acelerarse, impulsadas por la acción de las políticas climáticas.

En definitiva, 2023 será un año de transición hacia un nuevo equilibrio mundial. Se espera que la incertidumbre económica siga siendo elevada debido a los enfrentamientos geopolíticos por Ucrania. La inflación se mantendrá alta, al igual que los precios de la electricidad, pero las economías se adaptarán, algunas mejor que otras, y aprenderán a vivir con la inflación para evitar una profunda recesión mundial.

por Mark Kieffer Duarte