Querido Papá Noel II


Mark Kieffer Duarte

Querido Papá Noel, 

Ahora más que nunca, espero que estés bien. Desde la última vez que te escribí, esa frase sigue siendo relevante. Creo recordar que el año pasado te dije que me agotaba. Eso ya no es así. En los últimos doce meses se ha repetido tanto que ha perdido todo su significado. No cambiaron tanto las cosas de un año a otro. Llegó la ansiada vacuna, aunque no ha solucionado todo. Ahora estamos más protegidos, sí, y ya no corre tanto peligro la vida de tanta gente. Hemos podido estar más tiempo con nuestros seres queridos, hemos podido disfrutar más del sol y de las sonrisas y hemos podido hacer algunos de los viajes que teníamos planeados y que no pudimos hacer el año pasado. Pero es un año con algunos peros. 


Leyendo lo que te escribí el año pasado, me he dado cuenta de que predije que esto no acabaría con la vacuna. Este año me he dado cuenta de que no existe una solución única para un problema con mil caras. Se salvaron muchas vidas, pero se sacrificaron muchas otras cosas. Me remito a lo que te dije justamente hoy hace un año: no hay vacuna lo suficientemente buena o lo suficientemente numerosa como para proteger a la población de sus propios líderes. El año pasado, fuimos obligados a cometer una negligencia, le dimos  tanto poder como ellos decían que era necesario. Y Lord Acton ya lo dijo, si el poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente. Les dimos a nuestros líderes el llavero de nuestra libertad en un momento de máxima urgencia, pero no pusimos fecha de devolución. Confiamos en que ellos nos lo devolviesen cuando llegase el momento, cuando la amenaza hubiese sido superada. Pero cada vez que la amenaza parecía diluirse, solo nos devolvían llaves sueltas por si el monstruo volviese. Nosotros, todavía con el miedo en el cuerpo, hemos asentido. Te quiero dejar claro que no creo que nuestros líderes sean unos tiranos malvados de película que buscan dominar el mundo. Considero simplemente que han encontrado en esta situación inesperada la manera perfecta de desviar la atención del resto de problemas a los que se enfrenta nuestra sociedad. Si la atención se centra exclusivamente en un problema, los otros se quedan fuera de las conversaciones de la gente. Coaccionando la libertad consiguen que nos olvidemos del resto. Así lo demás no les puede pasar factura. Digo esto habiendo sido un chico bueno que ha acatado todo lo que se me ha dicho, al igual que la mayoría de la población. Pese a dudar de lo que nos dicen, porque siempre se nos ha dicho que es por el bien común. Al final, solo alguien egoísta no buscaría el bien común. ¿Pero dónde acaba el bien común y empieza el bien de los líderes? ¿Hasta qué punto hay que tener fe ciega en que aquello que se nos ordena es por nuestro bien? 


Papá Noel, tienes que entender que esa fe no es buena. Una y otra vez se ríen en nuestras caras con decisiones incoherentes. Nosotros, lejos de poner en cuestión sus palabras, asentimos de manera sincronizada. Creer ciegamente en nuestros líderes solamente nos cierra los ojos ante las incoherencias más evidentes. Por ejemplo, recuperamos hace meses el derecho de andar al aire libre mostrando nuestra cara, y ayer mismo ese derecho se nos ha vuelto a retirar. Por nuestra propia seguridad. Debemos llevar la mascarilla por la calle cuando no haya nadie a nuestro alrededor, por nuestra propia seguridad. Y eso que por la mañana nuestro líder estimó que no sería necesaria ninguna medida más. Horas más tarde, la mascarilla volvió a ser obligatoria. Ahora, si entro en un bar a tomarme diez cañas puedo estar sin ella mientras beba, para volvérmela a poner en la calle, lejos de la gente. Y como no lo hagas, aquellos que te vean te recriminaran desde la otra acera que formas parte del problema. Porque hace mucho que es meramente una medida de protección. Se ha convertido también en un símbolo político en una sociedad enfrentada pese a las incoherencias de las órdenes que se nos dan. Defienden lo indefendible, Papá Noel, lo indefendible. Aunque no les juzgo. Al final, esto ya no tiene nada que ver con protegernos. Solo tiene que ver con lo que he dicho antes: la cortina de humo que tape su ineptitud. El humo puede ser perfectamente esas discusiones en la calle. ¿Me puedes explicar que sentido tiene si no, Papá Noel? ¿Es únicamente para tapar su ineptitud o es también para ver hasta que punto acataremos sin levantar la voz? Levantar la voz contra los que lideran claro. Porque entre nosotros ya nos levantamos la voz. Demasiado.


Al menos, ya vuelve a ser navidad. Es cierto que otro año más seremos solo unos pocos alrededores del árbol. Otra nochebuena escueta y otros villancicos cantados por un coro plagado de bajas. Una distancia de seguridad de decenas de kilómetros me separará de muchos de mis familiares. Silent night, holy night, otro año más. Eso significa también que Rodolfo tendrá que hacer más paradas, otro año más. Pese a ello, la navidad siempre es una fiesta bonita. Es una fiesta con un espíritu cariñoso y hasta cierto punto, uno nostálgico, típico de cuando un año se acerca a su fin. Son unas fechas de celebrar lo bueno que haya dado el año y despedir lo malo. De reflexionar sobre aquello que deberá continuar y aquello que formará parte del pasado una vez suenen las doce campanadas. Todo ello con la incertidumbre de sí el año que viene será mejor, o si otro vendrá que bueno hará al anterior. Son unas fiestas llenas de esperanza, cargadas por la energía del deseo de que las semillas sembradas a lo largo del año den buena cosecha. Tus regalos forman parte de ese espíritu navideño. Son un agradecimiento por todo lo que hemos sufrido y trabajado este año. Son también esa energía para afrontar el siguiente. Va mucho más allá del objeto que recibamos. Sí, querido lector, antes de que pongas en duda de que los calcetines no son un buen regalo: los calcetines también lo son. ¿Qué hubiese sido de usted en filomena sin esos calcetines gorditos que su suegra pidió a Papá Noel para usted? Perdón Papá Noel, que me voy por las ramas. Estas cartas que te escribo son públicas y a veces hay que clarificar las cosas. ¿Por dónde iba? Ah, sí. La lista. 


¿Que qué quiero que me traigas? Este año no te pido tantas cosas como el año pasado. Te pido muchos ánimos y que nuestras esperanzas de un año mejor por fin se cumplan. Necesitamos que nos traigas a todos muchas fuerzas, porque esto parece que todavía va para largo. Te pido que sigamos pudiendo ver a nuestros seres queridos, al menos tanto como hemos podido ver este año. Que nuestra vida siga transcurriendo de una forma más o menos normal. Y si el año pasado pedí que vuelvan las sonrisas, este año te pido que nos las devuelvan. Porque de ver tan pocas sonrisas, la gente está cada vez más agresiva, más crispada. Estamos muy divididos. Nadie quiere vivir en un entorno hostil. Incluso la persona que grita desde el otro lado de la acera. 


Leyendo mis deseos se te avecina unas navidades moviditas me temo. Eso es todo, no te pido más. Me tengo que ir, que en el portal de Belén hay estrellas sol y luna, la Virgen y San José y el niño que está en la cuna. En resumen, que es nochebuena. Querido Papá Noel, a ti también te deseo una feliz Navidad y, poniendo énfasis en la siguiente palabra, ojalá un feliz 2022.  


Firmado, 

Mark


por Mark Kieffer Duarte