Querido Papá Noel



Ahora más que nunca, espero que estés bien. ¡Ahora más que nunca! Cuántas veces habremos escuchado esa expresión últimamente. Ya me agota, me cansa. Aunque bueno, quizás sea la falta de luz solar. Y no, no tiene nada que ver con el invierno. Entiendo que en el polo norte pasáis esta época prácticamente oscuras, alumbrados la mayoría del tiempo solo por la luz tenue de la luna y la magia de las auroras boreales. Nosotros en cambio hemos tenido luz a raudales, pero apenas hemos podido disfrutar de ella. Verás, este año no he podido salir mucho de casa. Allá por febrero un misterioso patógeno empezó a propagarse por todo el mundo y rápidamente nos obligó a encerrarnos en nuestros hogares. La vida dio un vuelco inesperado, como una película aparentemente feliz en la que acabas llorando de tristeza. Esta amenaza fantasma se ha llevado sin avisar ni preguntar a millones de personas y ahí sigue, acorralándonos sin cesar. Para protegernos, el candado de nuestra puerta estuvo puesto durante meses y el sol, algo que doy por hecho, se convirtió en un bien escaso. Dijo una vez Thomas Mann que la risa es un rayo de sol del alma. Durante unos meses no nos quedó otra que iluminar el día a día con sonrisas. 


El afortunado que podía salir a hacer la compra lo debía hacer con cautela. No teníamos muy claro cómo protegernos y el virus no era el único peligro que esperaba con paciencia a su próxima presa. En los balcones, rabiosas aves rapaces acosaban al que salía de casa a hacer los recados imprescindibles. ¡Oh, temibles guardianes de la libertad! ¡Tengan piedad, solo voy a por pan para mis hijos! ¡No - este jurado os declara culpable! - parecían decir. Como bestias salvajes encerradas, rezumaban rabia mezclada con impotencia y nostalgia de la libertad que hace poco tenían. El mundo se paró, aunque hicimos todo lo posible para que los engranajes de nuestra sociedad siguiesen girando. Los profesores daban clase a sus alumnos desde su cama, mientras sus propios hijos o bien lloraban a grito pelado o bien hacían caso a sus propios profes. El ciclo de la vida. El jefe empresario repartía tareas a sus empleados con la cámara apagada, para evitar desvelar a sus súbditos su pijama de los vengadores. Quizás esa revelación hubiese acercado al encargado a sus empleados rasos, pero no hay mejor lugar que el anonimato de una pantalla para esconder quienes somos en realidad. Dulce es el fruto de la adversidad, ¿verdad? 


Mientras la vida seguía de manera accidentada su rumbo, muchos lucharon por mantener el buque a flote. Papá Noel, yo creo haber sido un chico bueno, pero quienes verdaderamente se merecen un grandísimo regalo son todos aquellos doctores, doctoras, enfermeros, enfermeras, investigadores, investigadoras y todas aquellas personas que día sí y día también trabajaron duro para salvar vidas, muchas veces dando la suya. Los aplausos desde los balcones no son suficientes para agradecer la labor de todos los trabajadores esenciales que hicieron todo lo posible para que todo funcionase bien, dentro de lo que cabe. Muy a mi pesar, me temo que para muchas familias este año solo  ha traído desgracias. Muchos lo perdieron todo. Su empleo, su negocio, planes soñados desde hace tiempo, sueños por planear y por su puesto, a muchos seres queridos. Que descansen en paz. Papá Noel, por favor, estas navidades tráele a estas familias la felicidad que les han arrebatado. No son instrucciones muy claras, pero interprétalo como te parezca apropiado. Confío en tu criterio y  se lo merecen más que nadie. 


¡Qué año más extraño! Será difícil de olvidar, uno para la historia, con toda certeza. A mitad de año recuperamos la libertad a medias, pero el sol volvió a iluminar nuestras caras…a medias también. ¡Dichosa mascarilla! No te preocupes, yo me puse factor 50 igualmente. Si este año fue raro, estas navidades lo serán también. Solo nos podremos juntar en torno al árbol de navidad unos pocos. La cena de Nochebuena será escueta y el coro de los villancicos perderá, al menos este año, a algunos de sus mejores tenores. Silent night, holy night. Maldita distancia con aquellos que más amamos, ojalá caiga pronto este muro. Aunque quizás no sea para tanto. Unas navidades más íntimas, más nuestras, más intensas. Quizás de manera obligada pero no por ello tienen que ser menos bonitas. No lo sé, ¿tú qué opinas? Yo ya no sé qué pensar. Entiendo que para ti también será una época complicada. Rodolfo se negará a ponerse la mascarilla y los elfos no mantendrán la distancia de seguridad. Es difícil con tal carga de trabajo. Bueno, me estoy enrollando en exceso. ¡Lo siento, simplemente hay mucho que contar!


Pasando ya por fin a mi lista de navidad, este año tengo algún que otro encargo especial para tí. Te pido que este año nos sirva de lección, para que nos demos cuenta de que no se puede dar nada por sentado y que la vida da giros muy bruscos cuando menos te los esperas. Te pido también que hayamos aprendido que la “antigua normalidad” no era viable ni para nosotros ni para nuestro planeta y que, si no cambiamos de rumbo, catástrofes como estas surgirán con mayor frecuencia. Esto no acabará con la vacuna. Te pido también que esto nos haya abierto los ojos y que ahora seamos más generosos con los que nunca han tenido nada. Esto, por una parte. Por otra, te pido que pronto podamos volver a reunirnos con nuestros familiares y amigos, sin miedo de contagiarnos. Te pido que pronto podamos celebrar todo aquello que este año hemos tenido que cancelar y hacer todos esos planes que se disolvieron de un día para otro. Esas quedadas, esos viajes, esa diversión y esa felicidad. Finalmente, te pido que, ahora que ha vuelto el sol, nuestras caras pronto sean libres de aquel velo que tapa nuestra boca. Creo que hablo por todos cuando digo que echo de menos las sonrisas. Si, Papá Noel, ¡que vuelvan las sonrisas por favor!


Bueno, al final ha sido una carta larga, pero es la única y última del año. Menos mal que no trabajas a tiempo completo, ¿verdad? Dicho esto, es hora de despedirme, que quería ir a ver como beben los peces en el río y de tanto escribir se me ha hecho tarde. Querido Papá Noel, a ti también te deseo una feliz Navidad y ojalá, un feliz 2021. 


Firmado, 

Mark.



Por Mark Kieffer