Arrebatos ilustrados

Por Íñigo Madrid.


«Quizá el Procés es esto. Una excusa lúdica para tertulias y tuits. Jugar a hacer historia. Entretener el tedio de la vida en el primer mundo». Esto, lo escribía Jorge Bustos el pasado jueves con bastante lucidez. Creo que, excusando factores y grises, es, necesariamente, la base de la supervivencia agónica de este bucle nacionalista en el que se encuentra inmersa nuestra Cataluña y nuestro país.

La teoría de Fukuyama –el fin de la historia– confirmó que con la llegada de la democracia liberal, del Estado social y democrático de Derecho, ya no había mucha más historia que escribir. El nacional-populismo catalán, decidido, ha venido a plantar cara a esta –ya demostrada– inocente teoría. ¿Que no podemos cargarnos una democracia consolidada en pleno siglo XXI? Vas a ver cómo sí.

Llevamos viviendo días históricos desde finales de agosto; sesiones parlamentarias con mayor expectación que los tuits de Donald Trump; y ruedas de prensa y más ruedas de prensa y más ruedas de prensa. Yo, como estudiante de Derecho y Ciencias Políticas, me veo cuasi-obligado a seguir los plenos, pero, hombre, se agradecería menos adrenalina y más mesura, o, lo que es lo mismo, menos nervios y más marianismo. ¡Para qué queréis hacer historia si ya la hicieron nuestros abuelos!

El debate público ha invadido, sin pedir permiso, nuestras vidas privadas: sólo se habla de Cataluña. Los liberales vemos el debate desde una cierta distancia. Cómo hemos caído en semejante sentimentalización de la vida pública. Qué infantil. Qué horror.
Al monstruo de emociones callejeras, que es el nacionalismo, se le derrota con pasividad, con racionalidad, con templanza, con fortaleza: con liberalismo. Dejemos de caer en su bucle sentimental posmoderno y respondámosles con europeísmo, integración y patriotismo constitucional.

Si hay algo que no soporto es la no-razonada exaltación colectiva –nunca me he sentido cómodo en manifestaciones o griteríos. Y eso es justo lo que lleva ocurriendo desde  el 1 de septiembre. Por favor, encerrémonos en una biblioteca y ya si eso después gritamos.

En fin, termino con otra reflexión de Bustos –perdonen su excesiva mención pero es que lo merece: «Yo soy de los que desea vivir en una democracia gris, aburrida y previsible, que de la diversión ya me ocupo yo en mi vida privada». Ojalá que así sea.